viernes, 23 de marzo de 2012

Incógnitas

Algo,
¿qué sacamos?
Debemos pensar bien qué es;
y a cambio ¿qué me das? ¿migajas?.
Y, ¿cómo se esconde una pasión resucitada?
Nos ha dejado Agosto todas las preguntas
para que las respuestas se asusten...
y pienso siempre en lo que viene,
y ya me considero una elegida
por al menos preguntar
y dejar esto sin saber
al acabar el día
cada enero
por sí
acaso

Alicia, Teresa y Kevin

viernes, 16 de marzo de 2012

Antaño

Amplitud de campiña
necesito
para soltar la niña
que todavía
llevo adentro.
Que se me haga tarde
y me asalten los miedos
que el sol desparrama
al esconderse.
Quiero oír los ruidos sospechosos
y vislumbrar figuras detestables.
Sentir alados los pies
en el apuro
por traspasar el umbral
de mi refugio.
Niñez, ¿por qué no vuelves?
Si aún tengo a estrenar
juegos y sustos.
                                 Alicia Beber

Pájaros en la cabeza...

Hubo una vez un grupo de gente que se conocía de hace rato. Se conocía de hace tanto tanto, que hasta escribían juntos. Y eso que es escribir es tan, tan ¡ay! No me sale la palabra....Tan mágico, eso, eso quería decir. Pero este gente, ya vio uno como es la gente, no se conformaba con asistir a aquel ritual en comunión...Sino que además acostumbraban inventar otras cosas para hacer mas rico su estar juntos.
Uno de esos raros artefactos consistía en hacer girar entre ellos un ovillo de lana, desandando su madeja, para ir entre medio construyendo un cuento. Mientras, como no podían valerse de sus manos, se valían de un grabador...
Pero, ¡zas! Aquel día estaba predicho ya que el grabador no grabase nada. Ya ven que esta rara gente por andar en las nubes no presta atención a lo terreno y sabe mas de versos que de poner bien unas pilas. La cuestión es que se me mando a mi a remediar el error. Por ello, con maña tratare de recurrir a la memoria para decir lo que allí se dijo.
Recuerdo bien que se iba a hablar de pájaros en la cabeza. No se definió nunca la cuestión de que si iba a haber pájaros en la cabeza de niños, adultos o seres así nomas... Alicia dijo que los pájaros debían de hacer mucho ruido en la cabeza de la gente, y después insto a Teresa a que imaginara a la gente con pájaros en la cabeza. Y como en verso, Tere dejo decir a sus labios que los pájaros cantaban y cantaban y cantaban. Luego la gente esta imagino que las personas se reunían en la plaza y decían y expresaban a sus pájaros....Eso lo dijo Natali si la memoria no me falla como escribiente.
Y así estas personitas dejaron caer sus palabras. ¡Qué alegres y naturales se los veía haciendo lo que les gustaba! Los temas que después hablaron, ¿importaban? Yo hasta me acuerdo que cerraron el relato con lindas frases.
Y hasta ahora me animo a pensar que esta bien que la maquina esa no haya grabado nada. Porque quizás no importaba que estuviera grabado, sino que esa extrañeza, esa locura, esos pájaros en la cabeza fueran dejado volar por esa gente. Esa gente que tiene y no tiene pájaros, que sabe bien muy bien que sus ideas son los pájaros que mas lejos pueden volar.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Las palabras siguen naciendo en Seguí


El grupo de escritores conformado en 2008, continúa su labor. Aquí un resumen de sus actividades durante el pasado año, y una proyección del presente.

El Centro Literario Cristina Villanueva, edita desde 2008 la revista Tintas. Una revista de literatura que reúne a escritores locales y de la zona, bajo diversas propuestas de escritura.  Durante 2011, se anexo además un Dossier de poesía a esta publicación. En el mismo, se publicaron obras de poetas reconocidos como Manuel Podestá (Paraná), Emma Barrandeguy (Gualeguay), Candelaria Rivero (Santa Fe), Mariela Espinosa (Seguí) y Gloria María Arellano (Seguí).  Además, este año se anexo el arte fotográfico en las Tapas, con obras de los fotógrafos Román Mayora,  Paula Ledesma y Ramiro Sosa;  contando también con ilustraciones de Viktor Sack, Paula Elissambrura, Jackie Rodriguez, Marcela Verdón y Maximiliano Rodriguez.
En la expresión del grupo: “Lo que se intenta es dar un lugar al arte local, y a su vez permitir un dialogo entre el arte local y el de otras lugares. Consideramos que está bueno publicar literatura de localidades cercanas como Crespo, Viale o Paraná. Así también como otros textos producidos en lugares quizás mas alejados. Ya que esto nos enriquece como lectores y escritores. Además, enorgullece que una publicación pequeña producida en nuestro pueblo sea considerada como una experiencia única en la zona y de lugar a tantas y tan diversas personas.”

Talleres y experiencias
Durante el 2011, el Centro Literario acompaño a la docente Elida Siebenlist de la Escuela N° 61 “Facundo Zuviría” en la experiencia Juntos por una Argentina lectora. Se trato de un proyecto elaborado en conjunto, a partir del cual se concursó ante la Revista Nueva y Fundación Leer obteniendo el primer premio. Dicho proyecto consistió en acercar propuestas de lectoescritura más creativas a los niños “abriendo su imaginación”. Para esto, los chicos leyeron historias, contaron las suyas propias y jugaron con todo ello a partir de autores como Elsa Bonermann, María Elena Walsh, Oche Califa y otros autores nacionales y universales.
Se participó también de otras experiencias de Taller como las VI Jornadas Culturales realizadas en Paraná, y la Muestra El arte con la gente.

Palabras despeinadas
Este año fue en el que los escritores del Centro Literario publicaron su primer antología. Palabras despeinadas reza en su Prologo: “A modo de rubrica, excusa o argumento, podemos decir que nuestras tardes han sido horas gastadas en las palabras, en una búsqueda interior y grupal. Hemos jugado robando metáforas, desgajando poemas, escribiendo a luz de fotografías y en rondas de lana intentamos historias.”  El libro trata de transmitir los escritos realizados en el Taller semanal de este grupo. Con un aire informal desde su titulo, Palabras despeinadas, reúne textos escritos entre 2008 y 2011 por Alicia Beber, Teresa Albarenque, Kevin Jones, Rosa Zandomeni y Mercedes Díaz.

Actualmente, el grupo se encuentra preparando una versión renovada de la Revista. Se espera que la publicación aborde este año otras aéreas, además de la Literatura.

viernes, 13 de enero de 2012

Tintas N° 33 - Momentos

 Con una tapa de Viktor Sack y un texto de Mercedes Díaz, tomó forma el último numero del 2011 de la Tintas...Con poesía de Paula Casís, Alicia Beber, Kevin Jones, Micaela Grinovero y Vilma Vera Ríos...Además del Dossier con textos de Emma Barrandeguy...
Este número cuenta también con los textos elaborados durante el Taller de "El arte con la gente" y con un relato de Natalí Metz y otro de Ernesto Parrilla.

sábado, 31 de diciembre de 2011

"Es más peligroso un pibe que piensa que uno que roba" - Entrevista a Camilo Blajaquis



A los 21 años, después de haber estado preso desde los 16 hasta los 20, publicó La venganza del cordero atado, su primer libro de poemas. “Aparte de excluirte económicamente, te excluyen cultural y simbólicamente”, subraya.






 Por Silvina Friera
El aire se espesa en Morón. Se presiente la lluvia, el ataque de las gotas, como en uno de los poemas de Camilo Blajaquis, el seudónimo que eligió César González para escupir su dolor, su verdad, su poesía, cuando renació dentro de una cárcel. “¡Letras, máscara de mi herida! / Aliéntame esta tarde / que si no escribo soy piedra / y vuelvo a ser tan sólo un expediente/”, se lee en su primer libro, de título ricotero, La venganza del cordero atado (Ediciones Continente), con ilustración de Rocambole y prólogo de Luis Mattini. Dos trozos de carbón que arden; llamitas intrépidas lanzadas del presente hacia el futuro. Los ojos de César experimentan con la pequeña porción del horizonte que se deja ver desde la ventana de “Dallas”, un bar “cero burgués” –lo define—, un lugar de laburantes donde el joven juega de local desde febrero pasado, cuando salió en libertad. Su mirada se embarca en un mar de proyectos: otro libro de poemas más, el crecimiento de la revista que edita, ¿Todo piola? (ver aparte), la carrera de letras que cursa en la UBA. “Me lo bajo en un toque”, dice por el sándwich de pan francés que le acaba de servir Ubaldo Collado, dueño y mozo, sufrido hincha de Racing. Como César. Si la lluvia es el momento en que el cielo y la tierra tienen un orgasmo –como escribió en otro poema–, habrá que esperar ese encuentro. El sol empuja en cámara lenta a las nubes. “Algo le debo a mi sangre toba. Te dije que se estaba yendo la tormenta –se entusiasma, mientras comprueba que se cumple su pronóstico–; nunca le hagas caso al servicio meteorológico. Las culturas originarias de este continente miran el cielo y saben cuándo va a llover. Ahora tenemos todas las tecnologías. Y ni así le pegan.”
En menos de un minuto, César devora el sándwich. “¿Qué hacés, caradura?”, dice y saluda a Lucho, el padre de un compañero de la calle, cuando César andaba en la calle, unos seis años atrás que parecen prehistóricos. “En el barrio siempre es así, se acercan a saludarme.” El barrio es la villa Carlos Gardel, “panorama de vida que siempre tiene olor a celda, a plomo, a trabajo en negro o en gris o a traje de encargado de limpieza”, dice en el poema dedicado a ese lugar en el mundo donde nació –hace 21 años– y creció a los porrazos. Donde vive y da talleres literarios para rescatar a los pibes de un “infierno anunciado”. “No es que me levanté un día o manejé en mi cabeza, en algún momento, la idea de escribir un libro –cuenta César–. La venganza del cordero atado es un rejunte de los poemas que escribí, tan simple como eso.” Lo que no es tan simple es dónde los escribió, en institutos de menores, en la cárcel, bajo el seudónimo de Camilo Blajaquis: Camilo en homenaje al comandante Cienfuegos –uno de los líderes de la Revolución Cubana–, Blajaquis por el militante peronista asesinado en la pizzería La Real, relatado por Rodolfo Walsh en ¿Quién mató a Rosendo?
“Mi cabeza empezó a cambiar, a incorporar cosas nuevas; todo un mundo que no conocía hasta antes de caer preso, cuando me di cuenta de todo lo que se le oculta a un joven que le toca nacer en un barrio de clase baja, en una condición pobre y humilde como en la que nací. Aparte de excluirte económicamente, te excluyen cultural y simbólicamente. Te excluyen porque sos el negro de una villa, el negro de mierda, vas a ser chorro, obrero y nada más. El sistema te excluye y es mucho más cruel de lo que uno cree –repasa su aprendizaje–. Lo que juega es una exclusión simbólica: el de la villa es un ignorante, es un posible delincuente.” César subraya que el primer acto de su renacimiento, antes de la escritura, no fue la lectura –los libros que unas manos de mago, literalmente, acercaron a sus ojos– sino la libertad que le dio pensar. “Empecé a usar esto que tengo acá arriba –dice con el dedo índice en la sien– para algo productivo, para algo que me diera vida, que me diera fuerza. Y digo vida porque estaba muerto en vida: 16 años, seis balazos de la policía, me quedaban cinco años de cárcel; ingresé a un instituto con los clavos en las piernas, en muletas, pesando 50 kilos. Realmente estaba muerto.”
La realidad es que estaba preso –muerto en vida– en 2005. El camino de regreso a la vida tiene un nombre: Patricio “Merok” Montesano, un amigo que le acercó los libros, “un vago que daba taller de magia voluntariamente dentro de la cárcel”. “Nos trataba bien, no venía desde un lugar de profesor, ‘a ustedes, negritos, les vengo a enseñar cómo es la vida’, que es muchas veces la postura de los talleristas en la cárcel. El nos trataba como personas, no como monstruos. Nos enseñaba un truco de magia y nos hablaba de Walsh, de Cooke, del Che, de lo que pasó en los ’70. Nos hablaba de arte, de poesía, de cultura –enumera ese torbellino de novedades que lo asaltaron–. Al principio no le di mucha importancia, ‘este loco de mierda, qué me importa lo que dice, si total a mí me quedan un montón de años’. Pero venía en serio, con pureza, para ayudar.” El mago vaya si ayudó. Le prestó De Ernesto al Che, de Calica Ferrer. “Antes de ese libro yo no sabía, por ejemplo, que el Che era argentino, ni qué había hecho, ni cuáles eran sus ideales, ni por qué luchó –reconoce César–. Ese libro me sirvió para darme cuenta de que uno puede hacer un click en la vida, como lo hizo el Che. Y comenzaron las preguntas, aparecieron los porqué: por qué nací en una villa, por qué tuve que ser pobre, por qué tuve que nacer en un contexto de mierda, por qué tuve que saber a los 7, 8 años que existe la cocaína, el porro y que vivo en un barrio donde eso es frecuente y la cultura es ésa.”
La seguidilla de preguntas productivas se multiplicaban; estaba encerrado, pero no anestesiado. No sabía qué esperaba, pero algo llegaría. “¿Hubiese terminado en una celda si no hubiese nacido en una villa? Si nueve de cada diez de los que estábamos en la cárcel éramos de una villa. ¿Qué hubiese pasado si hubiese nacido en otro contexto? Realmente no sé, pero considero que en la cárcel no hubiese terminado con 16 años, baleado, adicto a las drogas como era. Se cayó la venda de mis ojos con mucha rabia. No quería darle el gusto al sistema, a la sociedad, que quiere que terminemos en la cárcel. Y fue una ruptura.”
–Y la rabia lo llevó a la lectura...
–Sí, a leer, a informarme, a llenarme de argumentos. Fue un renacimiento; el concepto de renacimiento en la historia de la humanidad es salir de la oscuridad de la Edad Media, de las tinieblas del oscurantismo. De repente aparecen Galileo, Da Vinci, Copérnico, otra corriente de filosofía con Descartes, los inventores, los pintores. Mi renacimiento fue gracias a la cultura. ¿Sabés por qué hablo de rabia?
–No.
–Porque no es lo mismo que alguien de clase media piense a que lo haga un pibe de clase baja. Si el de clase baja tiene conciencia de clase, la potencia que tiene ese pensamiento es mucho más explosiva que la de la clase media, en el sentido de rebelarte. Fue lo que me pasó a mí: tener conciencia de clase, pero no haciendo una separación porque yo soy de abajo, pero no quiero que se muera el de arriba. No. Yo pensaba todo esto, pero seguía dentro de una celda. No sabía que el día de mañana iba a publicar un libro, a hacer una revista...
–Tocó fondo: o se hundía del todo o flotaba y salía a la superficie, que es lo que hizo.
–Exactamente, pero una vez que llegué a flotar, había que remar porque estaba en el medio del mar y no había remos. Había que remar y no había balsa, había que remar y no había isla para naufragar. Me pegaron en la cárcel por leer, por escribir, por pensar, paradójicamente. La sociedad dice que en la cárcel estamos mejor, que los derechos humanos son sólo para los chorros... y uno escucha todo ese discurso de que nos gusta esa vida en la cárcel, que no hacemos nada. A mí no me gustaba esa vida y decidí hacer otra cosa: leer, terminar el secundario, recibirme. Pero no recibí un abrazo de la sociedad; recibí piñas, me quebraron los tobillos, me rompieron un diente; sufrí miles de requisas por leer y escribir. Me di cuenta de que la sociedad prefiere que los pibes roben, que se droguen antes que accionen y piensen. Es más peligroso un pibe que piensa que un pibe que roba. Cuando un pibe en este país pensó y accionó, lo torturaron, lo masacraron y no apareció más.
–En un poema se lee que una psicóloga dijo que no podía ser escritor. ¿Fue así?
–“Y esa piña duele más que la del guardia”... puse en ese poema. Siempre recuerdo el día que escribí mi primer poema y se lo llevé a una psicóloga que tenía en el Instituto Belgrano. Lo había escrito la noche anterior después de leer una crónica de Arlt en Aguafuertes porteñas que me había gustado mucho. Seguramente estaría lleno de limitaciones; al principio escribía con rima, no podía escaparle a eso (risas). Había sentido un vómito que me daba libertad. Algo se había desatado, el candado se había quebrado cuando escribí ese poema. No es una figura menor el psicólogo dentro de la cárcel; es el juez cotidiano de tu vida. Yo le llevaba un poema que me había hecho sentir persona... Yo me odié mucho tiempo, pero llegó un momento en que ese odio lo transformaba en violencia o en poesía. La psicóloga dejó el papel a un costado y me dijo: “Muy lindo esto, pero cuando salgas tenés que trabajar. Vos cometiste un delito, tenés que resarcir a la sociedad y la única forma es que te rompas el lomo trabajando. Con esto –por el poema– no resarcís el daño. Esto puede ser muy lindo, un pasatiempo, pero tenés que trabajar. A ver si se te mete en la cabeza...”. Y no fue una mala experiencia como argumentan algunos psicólogos para que me quede tranquilo. ¡Las pelotas fue una mala experiencia! Tuve doce psicólogos diferentes y todos me dijeron lo mismo. Ninguno me leyó un poema. Yo necesitaba que alguien lo leyera, que me dijera: “Está feo, pero vas bien”. Era un acontecimiento para mí, pero me lo negaban, lo reprimían. Cuando se lo di a Patricio, me dijo: “¿Es la primera ves que escribís? Seguí, probá, no está nada mal”. Y me trajo libros de poesía. ¿Te das cuenta la función de uno y otro? Uno estaba para ayudar, los psicólogos para reprimir.
–¿Por qué dice en un poema que “aunque no parezca soy poeta, soy un optimista”?
–Ese poema es una trompada tras otra, pero lo escribí en otro momento. Eso fue hace tres años, cuando pensaba que la política eran los políticos, pero ahora sé que es una herramienta. Si los políticos en nombre de la política hicieron desastres, la palabra no tiene la culpa. Hay optimismo en el escenario político argentino y hasta noto cierta alegría. La naturaleza de los barrios bajos es el peronismo obrero. No puedo desconocer eso; y con más facilidad me doy cuenta de que este gobierno se corresponde con esa naturaleza, que este gobierno está relacionado directamente con los intereses populares y me siento identificado. Yo viví en una casa de material y chapa toda la vida. Hoy tenemos una casa digna con calefón, cocina y agua caliente. Pero tampoco me encierro en una etiqueta ideológica. Soy peronista, pero lo que menos me gusta del peronismo es Perón. Para mí el peronismo es una esencia colectiva; por eso me siento identificado con esa subjetividad colectiva que resistió 18 años. Soy eso, pero también marxista y me gusta la filosofía, el rock y el reggae. Decir “soy esto” es autolimitarse, autoexcluirse. Yo quiero seguir creciendo y seguir siendo cada vez más cosas.
–¿Qué pasó con su lenguaje cuando salió de la cárcel? ¿Cambió?
–Sí, empecé la facultad, estoy en nuevos ambientes con gente que habla diferente. Pero el lenguaje es muy amplio; en mi barrio si tengo que hablar con los pibes, hablo así también. Soy así siempre, pero tampoco en exceso porque si me hago el académico me van a decir: “¿Qué estás hablando, gil?” (risas). Pero no me gusta el estereotipo y simular que soy villero y tener que comerme las eses y decir: “Ey, guacho”. Ya venía incorporando nuevas palabras a mi vocabulario desde la lectura. ¿Vos te pensás que hablaba así cuando caí en cana? Usaba la misma cantidad de palabras para hablar siempre de lo mismo: a quién le choreamos, cuánto hiciste, cuánta merca compramos, anda la yuta... No salía de ahí. Ahora no tengo odio, y eso que me sobraban los argumentos para odiar, para salir de la cárcel con ganas de matar. Sigo escribiendo poesía, estoy preparando mi segundo libro. Necesito escribir como el adicto necesita de su dosis. Mi dosis es escribir porque me corre la poesía por las venas. Y que por mis venas corra poesía es lo que me hace también experimentar una sobredosis de esperanza.

"La venganza del cordero atado", leyendo a Camilo en el Taller..

Esta noche hay luna llena,
tendría que ser remedio santo.
Pero acá abajo todo está muy raro,
las miradas van bloqueadas, desteñidas, agitadas,
se ven espejos de todos los colores,
en vanguardia los sabuesos, los hechizados, los malignos.

De repente me descuelgan seres que van cantando
melodías enchufadas a parlantes sin lenguaje penal.
Personajes que no dependen de siniestros signos
de oscuros síntomas, de opacas aspiraciones.
Cantan que ficciones son los planteos,
enseñan
¡qué hundido estoy en un sueño irreal!
les grito:
¡cansado voy de comprar pinchados salvavidas
que flotan cuando no hay mar!
Un viento poseído, endemoniado por la vida
sale a la caza
de la luna llena.
Camilo Blajaquis

Se pueden leer más obras suyas en su Blog.